domingo, 13 de noviembre de 2011

Y CÓMO HEMOS CAMBIADO, o...¿no tanto?




Madre mía y cómo han cambiado los tiempos , nuestros tiempos, todos los tiempos, ¿o no tanto?.

Cuando mi bisabuelo inició su andadura, empezó recorriendo la casa de los ricos madrileños de principio de siglo para dar cuerda a sus maravillosos relojes de pared o relojes de antesala, como se decía entonces, y sacarse un dinerillo para montar después su propio taller. Y así lo hizo, de Madrid al cielo porque Juan Francisco Toboso era muy de pueblo -de la Mancha claro está- y su decisión de marchar a Jadraque (pensaron en un pueblo cerca de el de su mujer, Almadrones, y que fuera grande para iniciar su aventura) a buscar nuevos horizontes no le pudo hacer más feliz. 


Con su mujer Apolonia Alcalde, muchos planes y un negocio aprendido, emprendió entonces el arte de la relojería. Con un burro recorría los pueblos de la Alcarria para arreglar todo tipo de máquinas del tiempo que se resistieran: relojes de torre, de pared, relojería pesada de las iglesias y ayuntamientos. Recordemos que todavía no habían aparecido los relojes de pulsera.


De recorrer las casas de los acaudalados madrileños y de los pueblos de la provincia de Guadalajara con el medio de transporte más sofisticado de la época (un burro) a pasearnos hoy cómodamente por otros barrios y pueblos virtuales que ahora se llaman Facebook, Twitter, Youtoube, etc. Ahora no necesitamos apenas arreglar relojes (esto es como los electrodomésticos, tienen fecha de caducidad y además el componente temporal que conllevan las modas) pero seguimos vendiéndolos; relojes y joyas, marcos, plumas  y…de aquí a nada lo que haga falta.


Que duro era ir de pueblo en pueblo con calor, frío y los contratiempos del camino y que duro es ahora bandear las crisis, las obras, los atracos, y demás avatares que hacen que al final te preguntes: ¿de verdad que han cambiado tanto las cosas?. En esencia quizás no pero esos contratiempos de hoy se solucionan calentitos, dentro de nuestro negocio y sentados a lomos de un ordenador para hacer los pedidos, darnos a conocer, conversar con nuestros clientes y pasearnos por la red como el que no quiere la cosa. Madrecita que me quede como estoy, pero por favor que se pase esta crisis y queramos ir bien adornaditos y monos.


Nosotros seguimos queriendo mantener esta tradición de relojeros y joyeros que inició mi bisabuelo (Juan Fracisco Toboso), continuó mi abuelo (Juan Toboso) y renovó mi padre (Jose María Toboso). Ahora,  nosotros la cuarta generación de “jotas” (Jose Mª Toboso), y mi hermano que tiene un taller de reparaciones (Juan Toboso), luchamos por mantener un negocio que nos gustaría perdurara alguna generación mas de jotas, “des” o “eles”, que mas da. La cosa es que dure y dure, como las antiguas maquinarias de relojes “que eran “¡idestructibles!”, como dice mi padre que con 86 años no entiende ya de modas pero sí de maquinarias y, como la de los relojes, se empeña como nosotros de que la nuestra siga y siga funcionando.


Como dice en su artículo Pedro Pérez nosotros hemos rebasado con creces la “mayoría profesional” con la humildad suficiente como para saber que, como nuestros antecesores relojeros y joyeros, habremos de saber renovarnos con los tiempos sabiendo como dice Pérez “fortalecer el servicio de la competitividad, confianza y atención al cliente”.  Esperamos no defraudar.


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